CONSEJOS PARA LA IGLESIA DE ESTE TIEMPO

  • Escrito por: Ministerio Plenitud

TEMA: CONSEJOS PARA LA IGLESIA DE ESTE TIEMPO

TEXTO: APOCALIPSIS 3:14-22

 

INTRODUCCIÓN

La Biblia dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16).

En el mensaje a la Iglesia de Laodicea, vemos una iglesia tibia pero el Señor les envía un mensaje alentador para esa iglesia. Esta iglesia es tibia pero a pesar de ello Jesús muestra que los seguía amando.

Muchos creyentes al paso del tiempo han perdido el primer amor pero el amor de Dios nunca deja de ser y los sigue amando a pesar de su condición. Dios ama al pecador pero aborrece al pecado. En el Antiguo Testamento muchos hombres de Dios tuvieron momentos de bajón espiritual pero reaccionaron y Dios los siguió utilizando.

Dios conoce las obras de cada persona y no te va pedir cuenta por otras personas, te va pedir cuenta por lo que has hecho porque conoce lo que cada persona hace. El Señor ama a su iglesia a pesar de su condición espiritual y les da algunos consejos para que reacción y cambien su condición espiritual.

I. SER CELOSO

A. La Biblia dice que Dios es celoso: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,” (Éxodo 20:5) pero el celo de Dios es protector, pero hay un celo que es enfermizo. El celo enfermizo es aquel que viene de la naturaleza humana y la Biblia dice: “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.” (Santiago 3:16).

B. El amor tiene ese celo protector, por ejemplo: “El amor de un padre para con su hijo”. El Apóstol Pablo dice que nos celaba con el celo de Dios: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2 Corintios 11:2).

 

C. Entonces, el celo que menciona el ángel, habla de cuidarse y de cuidar a los demás. El ángel le habla al ministro encargado de la iglesia pero luego dice que tiene oído oiga lo que el Espíritu dice a la iglesia. Todos deben escuchar este consejo, desde el pastor hasta el nuevo creyente.

II. ARREPENTIRSE

A. ¿De qué tienen que arrepentir? De todo lo que ha hecho: “El Señor les dijo: Yo conozco tus obras” y han dicho, ellos dijeron: “Yo soy rico y de ninguna cosa tengo necesidad”.

B. El pecado del diablo en el cielo fue el orgullo y ese mismo pecado es practicado también por el hombre en la tierra. Ellos se creían autosuficientes y pensaban que no tenían necesidad de nada.

C. El arrepentimiento es una manera de decir que necesitamos de Dios. El Señor ama a las personas y les da la oportunidad de arrepentirse. El Señor quiere que las personas escapen del infierno y sean acreedoras del reino de los cielos.

D. Muchas personas dicen: “Yo no hice nada malo y no tengo de que arrepentirme” pero todos necesitamos arrepentirnos porque todos somos pecadores. Tal vez su pecado no se el hurto o el asesinato, pero si hay orgullo en su corazón, igual necesita arrepentirse para que Dios lo perdone. Las personas que se arrepienten dejan de servirle al Diablo y le sirven a Dios.

E. Pedro negó al Señor tres veces pero luego se arrepintió, y Jesús lo perdonó, y lo uso poderosamente.

III.        ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS

A. Dios nos habla de diversas maneras, y las circunstancias que vivimos, son una de las maneras mediante las cuales Dios nos habla. Lo que está pasando es para que la iglesia pueda escuchar la voz de Dios.

B. Cada persona debe aprender a escuchar la voz de Dios. En una ocasión, el profeta Isaías le dijo al rey Ezequías: “Ordena tu casa porque morirás” y el rey se arrepintió al escuchar el mensaje del profeta, Dios lo perdono y le concedió quince años más de vida: “Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” (2 Reyes 20:6).

C. Dios nos ama a todos y nos habla de diferentes maneras, pero solo aquél que se arrepiente de sus pecados empieza a escuchar la voz de Dios. Si el Señor está permitiendo que esta pandemia nos tenga en cuarenta es para que cada uno ordene su casa.

IV. DEJARLO ENTRAR

A. La vida del hombre es como una casa y alguien tiene que habitar en esa casa. Jesús quiere que lo dejemos entrar para que habite en nuestro corazón.

B. ¿Qué nos quiere decir el Señor? Muchas veces como iglesia hemos realizado programas y actividades pero nos hemos olvidado de Dios. Es triste dejar al dueño de la obra por la obra, el centro de todo lo que hacemos siempre será Jesús.

C. Tal vez las personas que estaban cansadas de servir en la iglesia están felices porque ahora no hay cultos; tal vez los que decían que no tenían tiempo para servir a Dios están felices porque ahora no están haciendo nada pero los que amamos a Dios deseamos que todo esto pase para congregar en la casa de Dios.

D. Dios está en todo lugar pero hay un lugar consagrado para que juntos lo adoremos. Jesús desde niño iba al templo y cuando era grande dijo: “El celo de tu casa me consume”.

E. El activismo no demuestra que Jesús está dentro del templo, sacar la congregación para hacer evangelismo en el mundo eso demuestra que Jesús está en la iglesia. Él no quiere que nos amontonemos, quiere que nos multipliquemos.

F. Dios quiere que el que no conoce la salvación conozca a su salvador. Todos somos evangelistas y estamos usando los diferentes medios para compartir las buenas nuevas.

G. Jesús tiene que habitar en nosotros, Él está a la puerta. Los creyentes que se han descarriado necesitan reconciliarse con el Señor para que vuelva a entrar en su corazón.

CONCLUSIÓN

Si Jesús está tocando la puerta de su corazón es porque lo ama. El conoce cómo te encuentras, si abres tu corazón, el Señor entrará a tu vida y hará una obra maravillosa.

Iglesia Ministerio Plenitud
Reverendo Nain Villagomez
Pastora Marlene Muñoz Soliz
Santa Cruz, Bolivia

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Autor: Ministerio Plenitud
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